Como Notario, una de mis mayores satisfacciones ha sido tener el privilegio de participar en la decisión trascendental, de un hombre y una mujer, de fusionar sus destinos en una plena y mutuamente satisfactoria comunidad de vida, a través del matrimonio civil.

En esta maravillosa área del Derecho, el Señor me ha bendecido con matrimonios sólidos y prósperos a través de los años, cosa que no es muy usual en nuestros actuales tiempos propensos al desprecio o burla de los valores morales y espirituales, ancestralmente apreciados como fundamentos mismos de la sociedad.

Al contemplar con los ojos del recuerdo este multiforme ramillete de matrimonios exitosos, no puedo evitar en mi mente el insistente estallido de preguntas legítimas aunque perturbadoras:

  • ¿Porqué este tipo de matrimonios estables son la excepción y no la regla?
  • ¿Porqué están tan atiborrados los juzgados de familia, con: divorcios, violencia intrafamiliar, irresponsabilidad paterna o materna, adulterios, intolerancia, etc.?
  • ¿Porqué este fracaso marital se da por igual entre jóvenes y viejos, intelectuales y poco instruidos, ricos y pobres, introvertidos y extrovertidos, cristianos, agnósticos o ateos?

En este artículo (Parte I y II) comparto mis humildes conclusiones sobre las causas de disolución de los matrimonios, fruto de la experiencia profesional de muchos años y un sosegado análisis de los renglones torcidos del egoísmo humano.

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 CAUSAS DE DISOLUCIÓN DEL MATRIMONIO

1. DESENCANTO CRÓNICO

Producto de una inmadurez, ya sea previsible o muy oculta en el corazón de uno o ambos cónyuges, que los conduce a un decepción permanente y persistente, por lo general con base a razonamientos muy triviales: “La vida de casados no es tan fácil como creía”, “Estoy renunciando a demasiadas cosas agradables que antes solía hacer”, “Tú no eres como imaginé, necesito a mi príncipe o princesa ideal”, “no me veo envejeciendo a tu lado”, “no veo futuro a nuestra relación”.

Estas parejas generalmente se “resignan” a vivir juntas, pero no revueltas,  y ocupan a los amigos (y sus tertulias bohemias) e incluso a los propios hijos, como un “escape” a su desamor mutuo. Por lo general se separan, de hecho o de derecho, cuando los hijos crecen y se van a formar sus propios hogares.

2. DIFERENCIAS IRRECONCILIABLES

Esta forma de disolución del matrimonio ha llegado a ser tan común, que muchas legislaciones la contemplan como una causal de divorcio específica.

Puede obedecer a muy diversos motivos, algunos tan superfluos como: la manera de comer, vestirse, usar la pasta de dientes, amonestar a los hijos, roncar o reírse estruendosamente, hábitos alimenticios, etc.

También por gustos diferentes en: programas de televisión, música, deportes, pasatiempos, entretenimientos, amistades, etc. Incluso su percepción sobre el tema de la mascota de la casa puede dar lugar a: ¡Debes escoger de una vez por todas: o el perro o yo!

Aunque la pareja argumente: “somos polos opuestos” o “tenemos metas, sueños, gustos y emociones muy diferentes”, lo cierto que todo hombre y toda mujer posee una personalidad y un temperamento únicos, comenzando por su misma esencia de hombre o de mujer, junto con el cúmulo de sentimientos y sensaciones radicalmente opuestas que este simple hecho biológico representa.

Precisamente, el matrimonio ha sido divina y legalmente diseñado para adquirir madurez en la paulatina complementación de dos universos humanos que se fusionan para establecer una armoniosa comunidad de vida, lo cual evidentemente requerirá esfuerzo y dedicación, pero nunca resultará imposible.

Todo desemboca en un solo aspecto: esperaban que su cónyuge fuera diferente o “poder hacerlo cambiar”.

3. MALTRATO FÍSICO, VERBAL O PSICOLÓGICO

Aquí tocamos un tema muy delicado, puesto que sus consecuencias trascienden al ámbito penal, ocasionando en muchos casos la muerte o lesiones graves de todo tipo (hasta psicológicas y morales), en perjuicio del cónyuge víctima de tales agresiones.

Esta violencia puede incluso trasladarse a la intimidad, desencadenando enfermizas conductas sádicas o masoquistas que nada tienen que ver con una sexualidad sana y mutuamente satisfactoria.

El chantaje y la coacción sexual son también modalidades utilizadas en esta clase de comportamientos. Aunque es bastante grave y complejo el panorama anterior, todavía es posible rescatar el matrimonio, como veremos al final.

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4. PROBLEMAS ECONÓMICOS

“Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”

Indiscutiblemente, la falta de empleo estable, la bancarrota empresarial, la insuficiencia de recursos materiales, las tarjetas de crédito totalmente colapsadas y, en general, el cúmulo impagable de deudas o de responsabilidades ineludibles que saldar, agregan una carga emocional muy pesada y negativa al matrimonio.

Se trata de altos niveles de estrés que pugnan por estallar a cada momento, provocando interminables discusiones, señalamientos de culpabilidad, enfermedades o trastornos psicosomáticos, pérdida de interés por la intimidad y lógico enfriamiento de la relación marital.

Ante estos desbarajustes económicos – en realidad muy comunes en todos los hogares – es bueno recordar nuestros Votos Matrimoniales, emitidos con tanta pasión y convicción en la ceremonia nupcial. En especial la promesa de:

“aceptarse y respetarse: en la dicha como en la adversidad, en la pobreza como en la riqueza, o en la salud como en la enfermedad”

Siendo, por cierto, esta última circunstancia una de las más frecuentes para conducirnos hacia la iliquidez económica y subsecuente deterioro de la armonía en el hogar, y no sólo cuando se trata de la salud de alguno de los cónyuges sino, con más razón, cuando se refiere a la de los hijos u otro pariente querido muy cercano.

5. PROBLEMAS PSICOLÓGICOS NO RESUELTOS

Personalidades obsesivas, compulsivas, altamente agresivas, exageradamente posesivas, mentirosas o manipuladoras, depresivas extremas, acomplejadas, exasperantes, neuróticas, desconfiadas o celosas, llenas de resentimientos sociales o de traumas no superados de la infancia o la adolescencia, etc.

Aunque se trata de un cuadro desolador, aquí también vale la pena intentar la restauración marital, bajo el entendido que – en la mayoría de casos – ambos cónyuges resultarán tener alguna co-afección o co-responsabilidad en la situación problemática de que se trate, produciéndose entre ellos un círculo vicioso interminable y destructivo entre ellos, el cual debe ser definitivamente erradicado.

En la segunda parte de este estudio veremos otras causas de disolución del matrimonio, y cómo podemos evitar este terrible desenlace en parejas que se casaron con muchos sueños y aspiraciones para formar una familia.

Si estás en un problema matrimonial, y quieres recuperar tu matrimonio, ponte en contacto con nosotros. Estamos para servirte y apoyar a familias en crisis.

Written by Jorge Ernesto Serrano

Jorge Serrano, Director, Serrano Jaime Consultores. Es Abogado y Notario, se especializa en Derecho Mercantil, Civil y Administrativo, Escrituración y Contratos. Procesos Sancionatorios, Contenciosos y Constitucionales para empresas, ONG's, emprendedores y familias. Asesor externo para Firmas Legales en el área de Derecho Administrativo para empresas de varias industrias. Diplomado en Estudios Bíblicos y Teológicos. Como Facilitador de Movilización Misionera ha impartido cursos en Rep. Dominicana, Centroamérica, y varios países de Suramérica.  Autor de El Surfista de Dios, Reflexiones Jurídicas, Misionológicas y otros escritos. Colabora con Empréndete.sv, Revista Derecho y Negocios y otros.

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