Porqué se disuelven los Matrimonios (Parte II)

En nuestra sociedad, al igual que en otras naciones del continente, el matrimonio está en crisis. Según las estadísticas, hay un aproximado de 17 divorcios por cada 100 matrimonios. Familias destruidas, profundos resentimientos, lazos familiares rotos, niños y adolescentes con traumas psicológicos profundos, etc.

Hemos señalado en la Parte I de este tema, 5 de las causales de la disolución de los matrimonios: el desencanto crónico; las diferencias irreconciliables; el maltrato físico, verbal o psicológico; los problemas económicos, y por último, los problemas psicológicos no resueltos.

Veamos otras causas que pueden llevar a una disolución del matrimonio y busquemos  la manera de dar soluciones viables a este flagelo de la familia.

6. PROBLEMAS DE CARÁCTER SEXUAL

Problemas de la pareja

Dejando de lado todo tipo de comportamiento sexual enfermizo, violento o aberrante, que más bien correspondería a los apartados 3 y 5, reseñados en la parte I, tenemos aquellas situaciones menores, pero tan recurrentes y frustrantes, que pueden llevar al temor o rechazo de la intimidad, incluyendo la búsqueda (consciente o inconsciente) de todo tipo de excusas o de circunstancias “escape”, para evitarla.

Me refiero a aspectos de inexperiencia o impericia en cuanto al acto amoroso, que no han podido ser superadas a corto plazo, a fin de lograr la satisfacción mutua. Asimismo, a circunstancias más inquietantes como: apatía o desinterés sexual, frigidez sexual, disfunción eréctil, impotencia eventual, eyaculación precoz  y otras similares.

Algunas veces estas situaciones pueden tener su origen en causas orgánicas o psicológicas reales, siendo entonces deber de la pareja buscar sin demora el auxilio profesional idóneo. Afortunadamente, ya no se trata de un tema tabú o socialmente inaceptable, por lo que resulta muy fácil buscar apoyo médico o psicológico necesario para superar o mitigar aquellas condiciones que estén impidiendo el legítimo disfrute sexual dentro del matrimonio.

Aparte de lo anterior, en muchos otros casos son el resultado de las reminiscencias de una experiencia traumática del pasado, la cual todavía nos encadena y nos impide crecer en esta maravillosa faceta de la vida. Otras veces, son simplemente el resultado de los altos niveles de estrés (ansiedad e incertidumbre) que nos provoca nuestro convulso mundo contemporáneo.

En este último sentido, es bastante usual que los problemas de alcoba sean provocados por: crisis financieras, desempleo persistente, serios conflictos legales, situaciones muy problemáticas personales o familiares, incluyendo hechos trágicos o enfermedades delicadas de seres queridos,  y hasta un temor insuperable de no hacer un buen papel en el lecho conyugal. En realidad, pueden haber muchas causas y circunstancias (diferentes a las orgánicas y psicológicas), que en un momento dado entorpezcan la intimidad satisfactoria dentro del matrimonio.

Lo importante es enfrentar como pareja la situación, de manera objetiva y sosegada. La mayoría de veces sólo se requiere de la comprensión y apoyo del ser amado, así como tener en cuenta los siguientes hechos:

a) Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado por situaciones que temporalmente han afectado nuestra sexualidad, incluso más allá de lo esperado. En este sentido, lo primero que hay que expulsar de la mente, es la falsa creencia de considerarse el “único” o de los “muy pocos” que tienen o han tenido estos inconvenientes. Idea equivocada que produce grandes dosis de angustia, desánimo y bochorno, acrecentando aún más la problemática y, por supuesto, la armonía marital.

b) Aparte de la plena facilidad actual para hablar de cuestiones sexuales con facultativos expertos, existe una amplia bibliografía sobre el tema, ya sea física o virtual, científica y hasta cristiana, que perfectamente puede ser consultada. Paradójicamente,  son millones de personas las que sufren en silencio y avergonzados de estas situaciones tan superables, no obstante que vivimos épocas saturadas del tema sexual, hasta el punto del libertinaje y la aberración. Todo un contrasentido.

Miles de adulterios se han gestado so pretexto de estas limitaciones pasajeras y relativamente fáciles de superar como pareja… basta que trabajen de la mano y sepan identificar las causas internas o externas que las motivan. Vale la pena este mínimo esfuerzo, por el bien de ambos cónyuges y de los hijos.

7. ABANDONO EMOCIONAL PERMANENTE

Las conductas adúlteras germinan principalmente ante la sistemática desatención hacia las naturales y legítimas necesidades afectivas de la pareja.

Necesidades de la esposa

La mujer necesita comprensión y cariño constantes, sentirse amada, deseada y protegida, y la continua presencia de “detalles” acordes a su innata e ineludible sensibilidad femenina (por más indiferente, desafecta o “ruda” que se vea).

El hombre, por su parte, necesita ser constantemente afirmado en su liderazgo familiar, así como de la aprobación, admiración, confianza y respeto de su esposa.

Cuando todo esto falta en el hogar, muchas veces, de manera consciente o inconsciente, se buscará fuera del mismo, lamentablemente.

8. EL BINOMIO: CÓNYUGE EXITOSO/CÓNYUGE ACOMPLEJADO

En la actualidad, con la plena entrada de la mujer al mundo de las carreras liberales, los negocios, la administración pública y la política, se ha dado también el fenómeno del comportamiento altamente competitivo entre los sexos, por lo que con facilidad encontramos parejas al borde del colapso familiar debido a los celos, frustración y hasta resentimiento que ha provocado el presunto “éxito” (humanamente hablando) de uno de ellos frente al otro: mayor sueldo, mayor fama o preeminencia, mayor jerarquía, mayor aceptación social, mayor atractivo popular, etc.

Cónyuge exitoso

Esto se ha hecho más acentuado en los hombres, todavía reacios a aceptar la abolición casi total de los roles tradicionales, siendo en casos de desempleo, incapacidad o retiro laboral, u otras circunstancias especiales, los mayormente llamados a ejercer tareas hogareñas, aunque exista apoyo de terceros, lo cual de alguna manera hiere su autoestima y agudiza su desasosiego.

Debemos incluir en esta forma de disolución matrimonial,  un aspecto negativo más tradicional: el hombre o la mujer que, debido a su posición laboral, profesional, social o económica, ya sea anterior o posterior a su matrimonio, termina despreciando a su cónyuge por considerar torpemente que en realidad no está “a la altura de sus expectativas personales o requerimientos sociales”.

Es muy común entre cónyuges, donde uno de ellos sacrificó sus propias aspiraciones personales con tal de apoyar los deseos de superación del otro. Casos de innegable ingratitud, muy acordes con la naturaleza humana egoísta y ambiciosa.

9. INFIDELIDAD MARITAL

Ya sea como resultado de algunas de las circunstancias antes reseñadas o debido al incorregible comportamiento promiscuo de uno o ambos cónyuges, el adulterio continúa siendo el destructor por excelencia de los matrimonios y los hogares estables, con terribles consecuencias sobre la dignidad y estima personal del cónyuge perjudicado y sobre la estabilidad anímica de los hijos.

SIEMPRE EXISTIRÁ ALTERNATIVA DE RESTAURACIÓN MATRIMONIAL 

“Para todo hay solución, menos la muerte” – Dicho popular

No importa que tan graves sean las circunstancias de una ruptura a la armonía marital, siempre habrá una luz de esperanza, una posibilidad de reconciliación, de perdón y de “unir las piezas rotas”. Para ello es importante no perder de vista las razones de peso y , sobre todo, las maravillosas ilusiones que llevaron a una pareja a decidir unir sus vidas por siempre, el largo trecho recorrido, los sueños realizado en común, el hogar, los hijos, la familia, etc.

Al respecto, la Palabra de Dios con toda claridad determina que debemos perdonar a los que nos ofenden “hasta setenta veces siete” (Mateo 18:22 RV60), traducido con acierto en la versión en Lenguaje Actual: “Hay que perdonarlo una y otra vez; es decir, siempre.”; y al describir las características básicas del perfecto amor (muy a tono con el que se espera de la unión matrimonial), lo hace en los términos inconfundibles siguientes:

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Es indudable que en todos los casos reseñados de disolución matrimonial (incluidas las graves circunstancias de los Apartados 3, 5 y 9), es posible una reconciliación y restauración matrimonial; siempre y cuando ambos cónyuges (en especial el que lleva el rol de victimario) estén dispuestos a perdonarse mutuamente, así como a someterse por convicción propia a las sesiones de consejería matrimonial y apoyo espiritual,  durante todo el tiempo que sea necesario para enderezar el rumbo de la barca matrimonial, a punto de naufragar en las violentas e imprevisibles aguas del divorcio.

Felicito a aquellas parejas que en su matrimonio legal o religioso deciden hacer el “Pacto de No divorcio”, en el cual se comprometen a amarse, hasta que la muerte lo separe.

 Nunca hay que perder la esperanza. Vale la pena hacer un último esfuerzo, máxime si existen hijos de por medio.

Si estás en un problema matrimonial, y quieres recuperar tu matrimonio, ponte en contacto con nosotros. Estamos para servirte y apoyar a familias en crisis.

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